ALBERTO LUIS PONZO, obra construida; por Ricardo Rubio

viernes, julio 21, 2017

Ricardo Alfonso Rubio (Buenos Aires, 11 de mayo de 1951) es escritor, novelista, poeta, ensayista y dramaturgo argentino. Ha publicado también ensayos, dos de ellos sobre la poesía paraguaya y Elvio Romero,  y un tercero con la antología de poesía inédita y estudio preliminar de la poeta Emilse Anzoátegui, su mentora, con quien empezó a frecuentar reuniones literarias en 1969. Dado el golpe militar de 1976 en Argentina, mudó su poesía, hasta entonces social, a una forma suspicaz, nuevo esquema que desde un principio aparece como natural. Los mismos temas y formas se proyectan en su narrativa. En dramaturgia se ha inclinado por el naturalismo de modo casi permanente. Sus primeros poemas publicados, aún de corte social, aparecieron en 1978 en un díptico que llevó por nombre Invención de lo maravilloso y aproximaciones al margen del ocio, que reunía 16 trabajos. En 1979 publicó Pie a pie, algunos pasos, con poemas de adolescencia. Recién en 1986, Pueblos repentinos, su quinto libro de poesía, recogerá trabajos escritos durante la dictadura con un opúsculo dedicado a la llamada Guerra de Malvinas. Su primera obra narrativa publicada fue Calumex, en 1982, novela de ciencia ficción. Dirige el Grupo Literario La Luna Que desde 1980 y las ediciones literarias que ese grupo produce. Ha dirigido y dirige varias revistas, destacándose: La Luna que (se cortó con la botella) y Tuxmil. Con el poeta, narrador y traductor Antonio Aliberti dirigió la revista bilingüe (castellano-italiano) Universo Sur, que en sus cuatro apariciones difundió un número importante de poetas argentinos en Italia. Ha conformado y editado numerosas antologías de poetas y narradores argentinos, en Argentina y en Paraguay. Como dramaturgo, se han estrenado once de sus obras teatrales, una de ellas en Madrid, y una obra de títeres. Sobre su obra poética, Graciela Maturo ha escrito La palabra revelatoria: el recorrido poético de Ricardo Rubio (Sagital, 2004 y 2015). Fragmentos de su obra han sido traducidos al francés (por Alba Correa Escandell y Françoise Laly), al italiano (por Antonio Aliberti, Enzo Bonventre y Marcela Filippi), al alemán (por José Pablo Quevedo y por Johannes Beilhartz), al ruso (por Andrei Rodossky), al búlgaro (por Sascho Serafimov), al gallego y a l inglés (autotraducción), al rumano (por Dumitru M. Ion), al albanés (por Jeton Kelmendi) y al catalán (por Pere i Bessó).
 
 
ALBERTO LUIS PONZO, obra construida.
 
Para las observaciones de una poética en particular hay innumerables aspectos que pueden ser considerados, pero tengo para mí que la época, la corriente y la novedad son las primeras vistas a tener en cuenta. Cada década suele tener cambios sociales que por intensidad y frescura pueden caracterizarla, exaltarla o hacerla brillar más o menos que otra. En lo cultural, y específicamente en lo literario, la década del sesenta en argentina sufrió el golpe militar de 1966 que dejó como saldo nueve mil desaparecidos (antes de la videlista, que dejó muchos más) y, hacia el final, la inclusión de las fuerzas del orden en los claustros universitarios, dando como resultado una nueva devastación del ambiente cultural que parecía amenazar con liberaciones estéticas, sociológicas y con mordiente crítica a través de la palabra escrita.  

Alberto Luis Ponzo publica su primer libro precisamente en los inicios de esta década (“Equivalencia en la tierra”, Ed. La Brújula, 1960.) y se adhiere a los manifiestos de la poesía social de entonces, razón por la cual se lo incluye entre los poetas sesentistas, a pesar de haber nacido en 1916 y que sus primeras obras se asocien a las formas sintéticas de los años cincuenta. A ese primer libro le seguirán muchos otros que suman cuatro decenas de poesía personal y una docena de ensayos, hasta su despedida en 2017, con 101 años de edad. 

Equivalencia en la tierra es un poemario insoslayable, una obra franca sin los habituales temblores de algunos primeros libros, de cara al derredor y con un ligero acercamiento a lo conversacional, como venían alimentando algunas estéticas. No es casual que la cavilación sobre el ser y el proceder -característica sobresaliente de su hacer literario-, tenga la madurez y la hondura que sólo la experiencia, la constancia y la vocación consumada pueden dar. Es decir, nuestro poeta edita sus primeros libros sin presumir la impetuosidad juvenil sino un acabado que delata la pluma segura, aunque se permita juegos y malabarismos verbales que enraízan en su eterna juventud.
Acaso, para nuestra vocación comparativa, Juarroz -quien se preocupaba más por su mensaje que por su forma- fuera el poeta que por entonces Ponzo frecuentaba, acaso por compartir los mismos intereses semánticos, por creer que la poesía era la extensión de la vida, el otro mundo y a la vez el más real, por ser igualmente sinceros; pero sus perfiles tienen una carga emocional distante; el humanismo de Ponzo deja su acento más profundo cuando mueve las fibras desde la batería emotiva. Sus luchas de inteligencia se amplían al ser humano y a su porqué como plural de primera persona, aun cuando estila la primera.
Para que nadie quede afuera/ de las orillas de este mundo…
 
Las inquietudes metafísicas de Ponzo subyacen como afluentes ocasionales a lo largo de toda su obra del mismo modo que el tema social -este último en un plano más nítido-, pero le son constantes la claridad expresiva y la ajustada síntesis con las que logra elevar la materia poética, despojándola de irrealidades y de pirotecnias; es así que su incipiente madurez se une a la juventud cincuentista que proponía esta estética breve y concisa, a modo sáfico, en oposición a las verborragias de otros cenáculos, como así también a los parnasianos aún supervivientes.

La reflexión abierta a la búsqueda del otro, del no-yo que autentica al sí mismo, tiene un fuero en su producción literaria, compuesta no sólo por poesía sino también por incontables notas periodísticas y varios libros de ensayos poéticos; esta búsqueda, que en un primer momento atendió a la voluntad gregaria, a los deseos de compartir y de generar un fogón de amigos del arte, se presenta en sus versos en entrega inmediata, juicios que cruzaron libremente por su percepción y que llegaron al papel sin necesidad de plumín de oro, pues su mirada al momento de la gestación fue clara, juiciosa, serena, imbuida de un optimismo temperamental que el lector no puede evitar. Ojos de una bonhomía peculiar, que destacan lo mejor de lo que observan.
 
 

Detrás de un poema la sangre se arrebuja manteniendo el hálito de un poeta, esfuerzo no poco conciliador con el despropósito de algunos males. Detrás de un poeta, o quizá a su alrededor, hay una persona con venturas y desventuras, con aciertos y yerros, pero exigiría al poeta lo que sí abunda en Alberto Luis Ponzo, le exigiría la bondad, la comprensión, la entereza, la mano atenta, la generosidad, la entrega a todo lo que se opone a la miseria, a la fatuidad, al envanecimiento; le exigiría una correspondencia entre lo que el ser es y el ser de lo que hace, situación difícil. En este aspecto, la coherencia de Ponzo ha sido absoluta. Hay un mensaje en sus notas periodísticas, verdaderas columnas de opinión y crítica (como cuando la opinión y la crítica tenían algo de concreto), diáfano, sustancioso, de la más loable intención para el bien común; y en esto se diferenció del resto de los poetas de su generación; le sobró espacio en el corazón, que otros no hallan. De todas las vanidades, la intelectual es quizá la más baldía ya que, de por sí, el conocimiento cultural es poco menos que productivo a la vista de la mayoría.
 
 

Algunos poemas de “La casa”:

LA CASA
Desde el primer relieve
de alguna voz
marco el silencio

titubeos en el papel
que dibujaba de niño
llenando hojas de inocencia

después perdí las palabras
que recupero al pensar

hallé un lugar seguro
donde se olvida el dolor

este lugar
como hebra de luz
en tu recuerdo

….

Abrir imposibles
recoger el gesto
que arroja el amanecer
sobre la espera

imposible es creer
llegar es posible
a lo que se ignora

estar sostenido
sobre el suave murmullo
de lo secreto
que nunca calla
en lo universal



El paisaje
entra por la puerta del cielo
apoderándose de árboles
en una costa apaciguada

ramas y flores
hablan con el aire

arranco palabras
de su propia identidad

….

Límites grises
donde se quiebran los deseos

nombres adosados
a una puerta
que abrimos al hablar
buscando la salida

nos movemos
en el único sitio
que da vida y descubre
lo inexistente

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Algunos de sus libros:

“Equivalencia de la tierra” (1960, el primero),“De ayeres y desmemorias”, “Ramos de invierno”, “Cuaderno Martín”, “Lugares / En otras palabras”, “Obra en construcción”, “Canto en la arena”, “Exploraciones (sobre la poesía y lo demás)”, “Anotaciones para mi nacimiento”, “La casa de Azara y otros poemas”, “A puertas abiertas”, “Uno en el mundo”, “Poemas para Antonio Porchia”, “Historias salvajes”, “Cuadro de situación”, “Diálogo de escrituras”, “Labio oscuro de nacer”, “De este mundo (instantáneas y miradas)”. Y algunos de sus volúmenes de ensayo: “Pasión de la soledad y el misterio de Juan L. Ortiz”, “Antonio Porchia: El poeta del sobresalto”, “Poéticas / Poetas de la experiencia a la escritura“, “César Vallejo: Verbo, destino y unidad”, “Poetas del vértigo y otros ensayos”, “Osvaldo Milano Arrieta, una forma sensible de indagación”, “Juan L. Ortiz / El aura de un lenguaje esencial”.